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sábado, 29 de agosto de 2015

Rompe las cadenas de la vergüenza y deja oír la voz de tus ancestros

No calles tu voz. Di tu opinión. No dejes morir en el corazón la sabiduría de tu palabra.  Pero dila en alemán. Haz un esfuerzo. Sé que puedes hacerlo. Y que sabes hacerlo. Verás que será una manera simple y sencilla de rendirle un homenaje a tus padres, a tus abuelos, a tus ancestros. Aún estas a tiempo; no dejes pasar el tiempo ni la oportunidad. Porque algún día, cuando ya sea muy tarde de aprender la lengua de tus antepasados, te arrepentirás de no haberlo hecho.
No importa cómo pronuncies tu discurso; lo importante es que te oigan, que vean que no tienes vergüenza de decir palabras en alemán; para que otros te imiten, para que otros se atrevan; para que seamos más y nuestra lucha cotidiana valga la pena.
Atrévete. Rompe las cadenas de la vergüenza. Destruye el candado que te pusieron en la boca las personas que siempre tienen algo que decir y criticar. Asume tu rol en el que te puso la historia y sé protagonista del cambio. No permitas que los años se lleven tu herencia: no dejes que el paso de los días sepulten tus tradiciones y costumbres y que el olvido te quite la oportunidad de comunicarte en la lengua de tus ancestros.
Ten conciencia que esa lengua que casi nunca tienes en cuenta y que a veces hasta desvalorizas y desprecias, lleva en sus sílabas la voz de miles de almas que la utilizaron antes que tú. Que esa lengua lleva el sello de una estirpe de hombres y mujeres  que grabaron sus nombres en la historia y que su pasado se remonta allá lejos, en los siglos lejanos, en que tuvieron lugar las grandes epopeyas que marcaron a la humanidad y la hicieron trascender y progresar en el tiempo y el espacio.
Por eso, piensa bien lo que haces. No pierdas el tiempo. No dejes pasar la oportunidad y aprende la lengua de tus ancestros, hoy que todavía sobrevive en la voz de personas que aún la hablan cotidianamente en las colonias.

Ellos confiaron en sí mismos (por eso nuestros abuelos lograron concretar todos sus sueños)

Nada es fácil. Absolutamente nada. Todo requiere esfuerzo y trabajo. Desarrollar cualquier labor significa dar libertad a los sueños y creatividad a la voluntad. Sembrar; abrir el alma y entregar el corazón; caminar siguiendo el sendero que el destino nos señala; son objetivos que todos debemos cumplir para sentirnos realizados como personas. Nada sucede porque sí ni nada acontece sin tener un plan. Los hechos, las circunstancias, los encuentros, nunca son casuales como tampoco es casual ningún suceso que nos ocurre a lo largo de la vida. Todo tiene su razón de ser. Y nosotros debemos dejarnos llevar por ese mar de acontecimientos insondables que nos conducirán hacia nuestra meta.
Los abuelos lo sabían. Lo sabían y comprendían profundamente. Por eso llamaron a su destino Dios y entregaron en sus manos su porvenir. Confiaron plenamente en Él. Dejaron que Él proveyera. Acataron el devenir cotidiano que, a veces, parecía no tener sentido en el presente, pero que en el futuro sí lo tuvo. Aprendieron a esperar sin desesperar. Confiaron. Se entregaron a la fe, a la conciencia plena de creer en un ser superior. Y Él nunca los defraudó. Aun en la hora más difícil, aun en el instante más crucial, Él estuvo a su lado, ayudándoles a decidir, dándoles fuerza para continuar el camino y llegar a la tierra prometida.
Fue así como pudieron dejar Alemania primero; el Volga después; y afincarse definitivamente en la Argentina. Porque creyeron en Dios, confiaron en Dios y porque Dios los hizo creer en sí mismos y confiar en sí mismos. De ese modo fue como consiguieron llegar donde nunca nadie llegó: confiando siempre confiando, en Dios y en sí mismos.

Viviendas de Pueblo Santa María, en el año 1937 (Fotografías y propietarios)

Los tres pueblos alemanes se destacaron siempre por el estilo arquitectónico de sus viviendas. Ellas fueron la expresión de su espíritu tradicional y, a la vez, progresista. Los colonos edificaron grandes mansiones. Lujosas obras arquitectónicas. Edificios que nos legaron como un tesoro que había que conservar. Pero... ¿qué hicimos nosotros para conservarlo? ¿Existe todavía ese tesoro? Y si existe... ¿lo mantenemos en buenas condiciones? ¿Lo valoramos en su justa medida y dimensión? ¿O solamente lo dejamos estar? ¿Tenemos conciencia del valor cultural de esas viviendas que aún existen y que deben ser mantenidas y conservadas en su estilo original? Muchas preguntas que debemos respondernos. Para comprender lo dicho y realizar una mirada al pasado, publicamos fotografías de viviendas (y el nombre de sus propietarios originales) que se erigían majestuosas en Pueblo Santa María en el año 1937, año del cincuentenario de la localidad, y que en la actualidad todavía se conservan en toda su belleza.
Haus H. Pedro Pin
Haus José Streitenberger
Haus Bohn
Haus Pedro Schroh

¿Qué es la cultura?

Por Eduardo Mallea

Cultura es lo que el hombre que cultiva la tierra lleva cultivado en el rostro. Cultura es lo que los libros dicen y cultura lo que dejan de decir, pero quisieron decir. Cultura es coronación de grandes, majestuosos sufrimientos. Cultura es todo aquello que no gana, sino que hace ganar; cultura es lo que no triunfa sino después; cultura es espera.

Cuando los pueblos han sufrido mucho y los hombres han pasado por muchas vicisitudes, vejaciones y hambres; cuando la gente más común ha padecido muchas injusticias; cuando los hombres han pasado por muchas vejaciones y hambres; cuando los hombres han esperado en infinitas vigilias el cumplimiento de promesas que no se han cumplido, y los desesperados llorado muchos infortunios, y los estudiosos han velado sin confesión ni triunfo visible, y los artistas trabajado sin éxito y las gentes de paz, pasión y amor llegado al crimen por la sola ley humana de no saber cómo querer; cuando en fin una gran ola de desaliento ha parecido ir a sumergir grandes fragmentos de dolor expandido, la queja que se libera en definitiva, la palabra que se salva, el documento que se rescata, esa queja, esa palabra, ese documento son la cultura. Porque cultura es lo que el hombre que cultiva la tierra lleva cultivado en el rostro. Cultura es lo que los libros dicen y cultura lo que dejan de decir, pero quisieron decir. Cultura es coronación de grandes, majestuosos sufrimientos. Cultura es todo aquello que no gana, sino que hace ganar; cultura es lo que no triunfa sino después; cultura es espera.
La cultura define a los hombres más allá de toda ficción o apariencia, se les resiste y los resiste, los sobrevive; y a través de todos los tiempos conoce hasta en sus variaciones menos perceptibles las falsificaciones del mundo, la vicisitud de conciencia, los reclamos de la justicia, el curso de los astros y la dirección de los ríos.

Volver a empezar

Partir y no poder regresar.
Dejar la aldea en el ayer.
Guardar en el recuerdo
rostros de seres queridos.

Navegar el mar desolado.
Llegar a puerto sin esperanzas.
Llevar en los baúles
tristeza y orfandad.

Comenzar de nuevo.
Forjar una aldea en la nada.
Levantar una iglesia,
construir un sueño.

Volver a empezar.
Volver a soñar.
Volver a creer.
Y volver a ser feliz.

viernes, 28 de agosto de 2015

Jóvenes de las colonias que son ejemplo dando ejemplo


Gracias al trabajo comprometido impulsado por alumnos de 6to año de la Escuela Secundaria Nº 2 ya está el dinero para comprar el desfibrilador automático en Pueblo Santa María.

Las alumnas de 6to año de la Escuela Secundaria Nº 2 de Pueblo Santa María Gisella Pauluque y Brenda Schneider hablaron con La Nueva Radio Suárez en representación de todo su grupo de compañeros, quienes tuvieron la iniciativa de llevar a cabo una campaña para juntar los fondos necesarios para comprar un desfibrilador automático.
Contaron que la iniciativa surgió cuando habían recibido una charla de resucitación cardiopulmonar; “nos vinieron a dar una charla de RCP y a todos nos interesó; habíamos tenido un caso en la Colonia de un chico compañero y conocido de muchos de nosotros. La idea fue concientizar a la gente, debido a la distancia que hay con la ciudad de Coronel Suárez, de la importancia de tener un DEA (Desfibrilador externo automático)”.
Explicaron que “el DEA cumple la función de dar descargas eléctricas para que el paciente vuelva a tener su corazón en funcionamiento. Sirve para cuando el paciente está teniendo un ataque cardíaco. No es necesario que lo utilice un médico o profesional, sino basta con tener el conocimiento de cómo utilizarlo”.
Comentaron las alumnas consultadas que “la ambulancia hay veces que no está en nuestra Colonia, por lo que es más necesario todavía”, ya que las distancias de traslado de 15 minutos hasta el Hospital Municipal a veces se duplican por esta circunstancia.
Los alumnos, poniendo alcancías en los comercios de Santa María y haciendo otras acciones como ventas de canelones, llegaron a reunir $26.927, lo que es “casi la totalidad de dinero que se necesita para comprar este aparato”.
Y mientras resuelven, con el asesoramiento de entendidos en la materia, qué desfibrilador comprar, los alumnos también analizan la decisión de dónde colocarlo, para que siempre esté disponible. No descartan pedir a las autoridades que la ambulancia de Santa María siempre esté disponible en esta localidad.

jueves, 27 de agosto de 2015

28 de agosto: La deportación de los Alemanes del Volga

Por Leandro Hildt


         A partir de 1764, se formaron en ambas márgenes del río Volga 106 colonias agrícolas alemanas. Las personas que vivieron allí formaron el compacto sociocultural conocido como alemanes del Volga.


Llegaron a ese lugar invitados por Catalina II de Rusia, llamada “La Grande”, quien les otorgó una serie de privilegios para convencerlos a mudarse a ese lugar. La principal actividad de estas colonias fue la agricultura y la ganadería. Tuvieron que pasar 100 años de sacrificio y trabajo duro para lograr cierto bienestar y estabilidad. Luego, el Zar Alejandro II comenzó a anular los privilegios otorgados por Catalina. En 1874, se dio a conocer un Manifiesto que, entre otras cosas, establecía el servicio militar obligatorio que duraba varios años y la introducción del idioma ruso en las escuelas, que hasta ese momento mantenían el idioma alemán. Este intento de rusificación de los alemanes, que mantenían sus costumbres y religión desde un principio, hizo que algunos decidieran dejar el Volga y buscar otros países para vivir.
En 1877, Nicolás Avellaneda promulgó la ley de inmigración en Argentina, y la noticia llegó a los alemanes del Volga, que comenzaron a llegar a partir de fines de 1877 y comienzos de 1878 para fundar en nuestro país una serie de aldeas. Además de la Argentina, también recibieron inmigrantes alemanes del Volga los Estados Unidos, Brasil y Canadá; pero centenares de miles de alemanes se quedaron en Rusia. Los que dejaron el imperio zarista fueron un porcentaje muy reducido de todos los habitantes de la zona del Volga.
El imperio ruso quedó abolido en 1922 y se formó la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Algunos seguían intentando salir de Rusia hasta que esto ya no fue posible a partir de 1929 por un decreto del Joseph Stalin. Más de un millón de alemanes quedaron en la Unión Soviética. Bajo el comunismo, las aldeas alemanes del Volga llegaron a formar primero una región autónoma, y el 6 de enero de 1924 se constituyó la República Autónoma Socialista Soviética de los Alemanes del Volga. Su capital fue Pokrovsk que en 1931 adoptó el nombre Engels. Esta república duró hasta el 28 de agosto de 1941, año en que fue liquidada por otro decreto de Stalin. Los alemanes del Volga fueron acusados falsamente de ser espías y colaboracionistas de Hitler. Un tercio de los alemanes de Rusia fue fusilado y todos los demás fueron deportados masivamente a Siberia, Kazajstán y Alma-Ata en la frontera con China. Se les quitaron todos los derechos civiles.
Al día siguiente de la publicación del funesto decreto, todas las familias de todas las aldeas fueron informadas de que debían abandonar sus animales, casas y pertenencias porque serían deportados en las horas siguientes. Algunos no tuvieron más que 20 minutos para prepararse. En poco tiempo llegaron soldados en carros para cargar a las personas y llevarlos a la estación de tren desde donde serían enviados. Los que pudieron, habían preparado equipaje con ropa, comida y cosas que consideraron necesarias, pero a los que tenían mucho equipaje los soldados se los quitaban y tiraban. Los ancianos y niños podían ir sentados en los carros, el resto iba caminando. Algunos sobrevivientes cuentan que en las aldeas donde se demoró más la partida podían ver el sufrimiento de las vacas con las ubres llenas de leche, sin que nadie pudiera ordeñarlas, porque eran vigilados por los soldados que no les permitían hacer nada. Los que tuvieron tiempo, aprovecharon para hornear pan para el viaje. Cuando llegaron a la estación, estuvieron sentados en el piso, algunos a la intemperie, amontonados y rodeados por los soldados. Cuando llegó el tren, vieron que eran vagones para transporte de animales. Todos tuvieron que subir. Lo hicieron llorando y quejándose por el maltrato.

El viaje del horror 

El viaje fue terrible, frío, sucio, en algunos casos duró hasta dos meses. Muchos murieron por enfermedades o congelados por el brutal frío. Las personas fallecidas permanecían en los vagones o simplemente eran arrojados junto a las vías. Cuando llegaron a sus nuevos destinos, había carros esperando para llevarlas a su destino final. Muchos estuvieron algunos días a la intemperie, sin nada con qué protegerse del viento, la lluvia, la nieve y el frío. Los hombres y jóvenes fueron movilizados para el Ejército de Trabajo, una modalidad de trabajo forzado con estricto control militar, elevadas exigencias y durísimos castigos. Las mujeres y chicas adolescentes talaban árboles y los aserraban en el bosque, que los muchachos más jóvenes sacaban con caballos. Las mujeres mayores y niños tejían redes para la pesca. Todo el trabajo se dificultaba por una alta capa de nieve de hasta 1,20 m, el frío, el viento y el hambre. La comida que recibían era apenas de 400 g de pan y pescado salado. El que tenía 10 años o más y no trabajaba, no recibía el pan. Todo el trabajo era vigilado por soldados que lo hacían cumplir a fuerza de gritos y golpes. En pocos meses, la mitad de los alemanes murió. Como la tierra estaba congelada hasta un metro de profundidad, la gente no tenía fuerzas para enterrar a sus muertos y simplemente los tapaba con nieve. Frecuentemente venían los perros, excavaban la nieve y se comían los cadáveres. Los desterrados y presos vivían en barracas que ellos mismos debían construir o en cuevas donde morían congelados. Las barracas eran muy precarias y no protegían de la lluvia. Todo el tiempo el piso era un barrizal. Las temperaturas llegaban a 40 grados bajo cero.
Esta fue la situación trágica de los Alemanes del Volga que no tuvieron la suerte de salir de Rusia a tiempo. Pasaron muchas cosas más, tan terribles e incluso peores que la deportación. Es difícil decir cuántos murieron bajo esas circunstancias. Fueron miles y miles. A pesar de esta matanza de miles de alemanes, Rusia no pudo hacer desaparecer por completo a los alemanes del Volga. Algunos sobrevivieron, y quienes somos sus descendientes hemos conservado con orgullo su cultura, su idioma y su identidad étnica. Cada 28 de agosto recordamos con tristeza a todos los alemanes del Volga que murieron injustamente por culpa del dictador Joseph Stalin.
Una vez muerto el dictador absoluto e iniciado un proceso de desestalinización, en 1964 el gobierno soviético reconoció que los alemanes de Rusia no habían sido saboteadores, pero el daño ya estaba hecho. Además, había impedimentos para volver a las aldeas del Volga, ocupadas mientras tanto por rusos, y los alemanes nunca fueron indemnizados por sus pérdidas y sufrimientos. La URSS jamás indemnizó a las víctimas y sus familiares por haberles quitado la vida, la salud, los bienes, el honor y su identidad.

El texto del decreto de Stalin

“Disposición del Presidente del Soviet Supremo de la unión de las Repúblicas Soviéticas sobre el traslado de los alemanes que habitan el territorio del Volga. Según exactas referencias recibidas por las fuerzas militares, tomamos conocimiento que miles de subversivos y espías se encuentran entre los habitantes del territorio del Volga esperando una señal de Alemania para provocar actos terroristas en la región ocupada por los alemanes. Ningún alemán que habita la zona informó a las autoridades soviéticas sobre la existencia entre ellos de tan enorme cantidad de subversivos y espías. Por ende la población alemana del territorio del Volga oculta la presencia de enemigos del pueblo soviético y del poder soviético. En el caso de que por órdenes de Alemania los perturbadores y espías realicen actos terroristas, tanto en la República de los Alemanes del Volga como en las regiones limítrofes, el Gobierno soviético siguiendo las leyes de la época de guerra, se verá obligado a reprimir a todos los alemanes del Volga. Previniendo estas expresiones indeseadas, y para no derramar sangre inútilmente, la presidencia del Soviet Supremo de la Unión Soviética, decidió la necesidad de trasladar a todos los pobladores alemanes que habitan el territorio del Volga. Por lo tanto los expatriados recibirán tierras y ayuda estatal para establecerse en la nueva región. Para este asentamiento se asignaron las tierras fértiles de Novosibirsk y Omsk del distrito Altai, Kazajstán y otros lugares vecinos.  Por unanimidad  con estas medidas se propuso al Comité estatal para la defensa territorial, realizar de inmediato el traslado de todos los alemanes del Volga y proveerlos de tierras y útiles de trabajo para su nuevo y seguro lugar.
El presidente del Soviet Supremo de la Unión Soviética, M. Kalinin
El secretario del Soviet Supremo, A. Gorkin

Moscú, Kremlin, 28 de agosto de 1941”

martes, 25 de agosto de 2015

ADALBERTO, EL MAGO DEL ACORDEÓN

Por Leandro Vesco - Fuente: Fabio Robilotte - Fotos: Martín Gavio
 
Adalberto Ruppel vive en San Miguel Arcángel, es uno de los últimos hombres en la Provincia de Buenos Aires que arregla acordeones. Instrumento que además toca y colecciona. Su taller es un recinto encantado donde conviven miles de piezas, recuerdos y donde la música puede habitar con total libertad. Conocé la historia de este hombre que dedicó toda su vida al acordeón.

Como las mujeres, lo peor que le puede pasar a un acordeón para que suene mal, es que lo dejes de tocar. Así resume Adalberto Ruppel la clave para mantener a punto este instrumento que los alemanes trajeron a nuestro país y que marcó nuestra música nacional. Como aquellos hombres que ya no se fabrican más, Adalberto aprendió solo a hacer todo lo que ha hecho en su vida. “Antes sólo tenías que mirar, no había cursos o talleres. Mirabas y aprendías” En un mundo cada vez más tecnificado, su oficio está en extinción: arregla acordeones y, más que eso, los quiere como si fueran seres vivos. Es uno de los mayores coleccionistas de este instrumento de la Provincia de Buenos Aires, y uno de los últimos que quedan vivos que los arregla.
Vive en San Miguel Arcángel, un plácido y aislado pueblo de la pampa profunda bonaerense donde el viento trae murmullos de aves y algunos espejos de agua contienen a esta comarca de 700 habitantes que viven en un entorno natural tranquilo y bello. Sus calles tienen el encanto de las veredas arboladas con sombras refrescantes y una avenida central por donde pasa la dinámica del pueblo, varios almacenes, un histórico boliche de campo y una inmaculada iglesia más el hidalgo antecedente de que todo lo que se hizo acá, fue con el sudor de la frente de aquellos alemanes pioneros que se animaran al desierto, y que eligieron este ignoto punto en el mapa de nuestra provincia, alejado de todo para conservar sus raíces y tradiciones. San Miguel tuvo la oportunidad de tener estación de tren, pero aquellos hombres rudos decidieron quedarse solos y hacer allí su mundo. Este mundo es hoy el pueblo de Adalberto Ruppel, uno de los últimos arregladores de acordeones, una estirpe que se va perdiendo en el tiempo.
Su taller tiene la magia de un claustro hecho para que los artilugios con hechizo muestren sus secretos en complicidad con el demiurgo que los desarma y arregla. Su amor por el acordeón comenzó en su niñez “Entonces en cada casa había un acordeón y cada encuentro familiar terminaba con música, la música estaba presente todos los días” Aprendió viendo tocar a su tío y luego llevándole el tranco a su padre. Por aquel entonces todo tenía olor a gesta. “Mi abuelo trabajó en el primer molino del pueblo. Lo hicieron ellos mismos y había varias panaderías, también más de ocho boliches” Rodeado de pequeñas acordeones de todas las épocas, su colección asombra. “Aquel tiene más de 100 años, aquel es de la primera guerra y aquellos de la segunda guerra”, comenta con emoción. Todos funcionan y Adalberto se encarga de que la música siga fluyendo por esos fuelles legendarios.
“Cada acordeón tiene entre 7.000 y 9.000 piezas. Yo tengo que desarmar el instrumento, ver la falla y volver a armarlo” Este trabajo artesanal requiere de una paciencia extraterrena. “Me apasiona, he arregaldo miles de acordeones pero si me preguntás qué es lo que tienen de especial, es que ninguno es igual al otro. Cada acordeón es único y por eso hay que tratarlos de un modo especial” En sus años mozos integró un conjunto con el que recorrió toda la región, “Y hasta viajamos a Buenos Aires, haciendo música, nos hacíamos llamar Los Yomers” Adalberto, tiene una mirada profunda y una agilidad de niño inquieto en sus manos. Fue Delegado de su pueblo, entre mil trabajos que lo han convertido en una figura querida y respetada. “Además manejo el sistema de televisión por cable del pueblo”, dice como si fuera una cosa al pasar. Pero nunca deja de mirar sus acordeones, allí está su tesoro y su legado. “A veces regalo uno, y es como si ragalara parte de mí”.
Historias que esconden nuestro interior, esta Argentina fecunda y fértil en valores humanos que hacen de nuestro país, una nación de hombres sensibles y trabajadores. Si el Ángel de la Música camina por San Miguel, seguro duerme en el taller de Adalberto, el mago de los acordeones.

Costumbres de los casamientos de los Alemanes del Volga

Por Gerardo Waimann
Fuente: cacw.com.ar

Casamiento de alemanes 
de una colonia
Archivo Histórico Municipal 
Olavarria
La vida social tenía cierto grado de monotonía (por lo general, hasta los cumpleaños eran poco celebrados) pero a la hora de los casamientos nuestros antepasados “tiraban la casa por la ventana” para los festejos.  Además la fiesta de casamiento era el momento ideal para el encuentro e iniciar un romance. Como dice el refrán español: “De unas bodas nacen otras”.-

1.- Ropa de los novios: Traje de Novia: (der Brautrock) Blusa ajustada a la cintura con amplia falda de la misma tela, y ancha cinta de raso a modo de lazo largo, como ajuste y ensamble de ambas piezas. Más adelante el dos piezas se reemplaza por el vestido blanco, marfil, rosa suave o celeste natural. Tocado (Kopfbedeckung) de tul con corona de hojas verdes y rosas blancas, y en la mano un ramillete en juego con el tocado. Zapatos blancos.- Novio: Traje oscuro, generalmente negro, camisa blanca y en el ojal del saco, un ramito de flores blancas. Zapatos con polainas hasta las rodillas.- Lo más importante del saco era el Schlopp o der schlips, (de influencia rusa): era un largo moño o lazo de raso que se sujeta en la solapa del saco del hombre y a veces llega hasta las rodillas del novio. Aparece en todas las fotos antiguas.-
2.- Previo al casamiento se seleccionaban 2 hombres, los “invitantes” que, provistos de un bastón largo, o un báculo de rama de cerezo, recorrían todo (TODO) el pueblo, empezando por un extremo, e iban casa por casa invitando a la fiesta.- La dueña de la casa invitada ataba una larga cinta de color llamativo en cada bastón, que significaba la aceptación a la fiesta. El dueño de casa, por su parte, proponía a los visitantes un brindis a la salud de los novios.- (Lo mas cómico del asunto es que, luego de hacer una parte del recorrido por el pueblo, muchas veces había que reemplazar a los pregoneros, quienes, en un estado lamentable por tantos brindis, ya no podían caminar, y debían entregar los bastones llenos de cintas a otras personas para que continuaran con la tarea del anuncio).- Esta hermosa y antigua costumbre provenía, al parecer, de la zona del Palatinado alemán.-
3.- La última noche de solteros los novios asistían al Polterabend ó Polroben, fiesta de juventud con mucho baile y ruido, cantos, bromas y bailes. Los novios católicos, si ya se habían confesado en la iglesia, eran solamente espectadores de la fiesta, sin participar.-
4.- Previo a la boda, los novios recibían en sus respectivas casas y de rodillas, la bendición de sus padres, quienes les ponían las manos sobre la cabeza.-
5.- El novio iba con su familia hasta la casa de la novia. Allí se juntaban los dos grupos. Las campanas de la iglesia se echaban a vuelo, se arrojaban bombas de estruendo y se hacían disparos al aire con escopetas de calibre 16 o fusiles (Esto de disparar en los casamientos era una antigua costumbre alemana y sueca).- Luego la gente del pueblo se iba sumando al cortejo.-
6.- Cuando la distancia a la iglesia era grande se viajaba en carros rusos que se adornaban con flores y a los cuales se enganchaban los mejores caballos, que llevaban banderitas en la frente. El carro de los vorgander, los bastoneros, al igual que el carro de los músicos, precedía al carro de los novios, que viajaban juntos.-
7.- Cerca del final del camino, se atravesaba la calle con una cinta blanca impidiendo el paso del carro de los contrayentes. Para continuar, el novio debía entregar a la hermana de la novia una dote de dinero.- (Lo que me hace llegar a la conclusión de que el famoso y tan criticado peaje de nuestras rutas lo inventaron los Alemanes del Volga.......).-
 8.- Los casamientos católicos con misa de esponsales se hacían siempre por la mañana, los días martes y jueves. No había casamientos en Semana Santa, y tampoco en los tiempos de arada, siembra y cosecha, para evitar conflictos religiosos o perjuicios en los trabajos del campo.-
9.- La ubicación en el altar era: Los novios en el centro, las niñas del cortejo al lado del novio, los varones al lado de la novia, y luego los padrinos, que no eran necesariamente los padres: se podían elegir entre familiares y amigos.-
10.- Luego del casamiento los novios recibían el saludo de familiares y amigos en el comedor o la sala de los padres del esposo.-
11.- No era costumbre hacer regalos a los novios, pero se sujetaba un billete de la blusa de la novia, como ayuda económica para la nueva familia. Otra costumbre de dinero era comprar el derecho a bailar con la novia durante los festejos.-
12.- Bajo una o varias gigantescas carpas que se armaban para el casamiento se brindaba, se comía, se cantaba mucho y se bailaba mientras duraba la fiesta.- La celebración duraba por lo menos 3 días seguidos, (y a veces hasta 8 días) desde las 9 de la mañana hasta las 12 de la noche, hora en la cual los novios volvían a la casa de sus respectivos padres.-
13.- Una costumbre de la última noche, era ir por debajo de la mesa para robarle el zapato o a veces la liga a la novia, (sin que lo pudieran evitar 2 personas que oficiaban de guardias). Luego el zapato se remataba en la fiesta y el dinero recaudado era para ayudar a los novios. Otras veces el novio debía pagar para recuperar el zapato.-

Fuentes documentales:
a.- Los Alemanes del Volga, de Victor Popp y Nicolas Dening.-
b.- Los abuelos alemanes del Volga, de Alberto Sarramone.-
c.- Los alemanes del Volga. Anselmo Schanberger, vivencias de un descendiente, de Haydee Elida Tate de Schanberger y Anselmo Schanberger.-
d.- San Miguel Arcángel: 100 años de historia Alemana del Volga, de Christian Jungblut.-
e.- Vaterland. Alemanes del Volga en San Miguel Arcángel, de Inocencia Seitz.-

lunes, 24 de agosto de 2015

Con música, baile y reconocimientos, Pueblo Santa María reconoció al club de todos los vecinos


En el hermoso salón del club, que lució colmado y reluciente, la comunidad entera de Santa María se congregó para darle las gracias a El Progreso, la entidad señera que es la caja de resonancia de las actividades, los sueños y el presente de todos quienes habitan la tercera colonia alemana, Hubo reconocimientos para socios vitalicios y por los 30 años de la Biblioteca Juan Carlos Graff.

Todo comenzó cuando luego de las 22:00 y bajo los sones de la Marcha de El Progreso, ingresaron al gran salón los abanderados y la reina saliente, con su hermoso vestido azul, haciendo juego con la delicada ornamentación del salón donde se celebró la cena que congregó a más de 600 comensales.
Antes del inicio de la cena, el padre Leandro Volpe bendijo los alimentos y destacó el rol del club El Progreso dentro de la comunidad de Santa María.
Una vez más, la cena cumplió con la tradición de los pueblos alemanes, exquisita, muy bien servida y tradicional, destacándose, como siempre, las papas al horno y el fillsen, como sólo los alemanes del Volga lo saben hacer.
Antes del postre y luego de un muy prolongado intervalo, llegó la hora de las palabras, dando inicio a los mensajes el presidente del Club Social, Deportivo y Cultural El Progreso, ingeniero Claudio Holzmann, quien lo hizo acompañado por toda su comisión directiva.
Holzmann destacó el trabajo realizado a lo largo del año, agradeció profundamente a todos quienes se acercan a colaborar de manera desinteresada, especialmente al equipo de cocina y a los mozos que colaboraban esa noche, para quienes solicitó un fuerte aplauso. También agradeció la presencia de las autoridades municipales, dirigentes de otros clubes  y la presencia de autoridades de la Liga Regional de Fútbol y de la Asociación de Patín del Sudoeste.
Se mostró feliz de poder mostrar una entidad fortalecida y saneada, con muchas actividades deportivas, sociales y culturales, destacando que en el presente período se están cumpliendo 30 años de la fundación de la Biblioteca Juan Carlos Graff, que funciona bajo la órbita y en instalaciones del club.
“El presente que vivimos nos llena de alegría”, enfatizó el dirigente, destacando que entre los proyectos, “en un futuro no tan lejano estaremos anunciando que nuestro querido club va a construir la pileta, en un proyecto muy ambicioso que se podrá concertar también gracias a la colaboración de toda la comunidad que compra nuestros bonos”. “La pileta aledaña al campo de deportes es un sueño que Santa María se merece y que trasciende las fronteras del club”, destacó finalmente Holzmann.
En nombre de los clubes hermanos, tomó la palabra Mauricio Marcolini, presidente de San Martín de Santa Trinidad, quien destacó la hermandad entre los tres clubes de los pueblos alemanes, resaltando además el notable crecimiento de El Progreso en los últimos tiempos y la trascendencia de su tarea para Santa María.
A su turno, Ernesto Palenzona dijo estar sensiblemente unido a El Progreso, siendo el club al que más ha concurrido, destacó el campeonato de Primera de 1974 y resaltó que uno de sus hijos es deportista de ese club.
Finalmente en nombre del municipio habló Gustavo Moccero, secretario de Gobierno, quien  recordó que desde que tenía 2 años concurre al club ya que su padre tenía una chacra a pocos metros. Recordó al Nene Fernández, ex deportista del club, destacó la labor comunitaria de El Progreso y enfatizó la importancia de que un club de esas características contenga desde hace 30 años una biblioteca para todos los habitantes de Santa María, Finalmente hizo entrega de un subsidio a las autoridades del club.


Distinciones

Luego del postre otra vez la música de la mano de los músicos de Alpachiri, La Pampa, ataviados con sus característicos gabanes. Los Herederos del Ritmo tocaron mil ritmos distintos, pero ninguno fue capaz de amilanar a una multitud ansiosa de bailar, sin importar si el ritmo era polka, paso doble, fox trot, cumbia o chamamé.
Una alarga entrada para esperar el momento de los reconocimientos que habitualmente realiza el club en su aniversario.
Este año se reconoció a cinco socios que llegan a la categoría de vitalicios por hacer más de 30 años que abonan puntualmente su cuota societaria, siendo ellos Patricia Schamberger, Neida Schmidt, Miguel Resch, José Daniel Streitenberger y David Pfoh, a quienes se les entregó un diploma certificando tal circunstancia. Finalmente los cinco posaron junto a la comisión directiva para beneplácito de los fotógrafos de los medios de prensa presentes en el aniversario.
Luego el club destacó con la entrega de una plaqueta al “trabajo constante” del Grupo de Equinoterapia ‘De corazón’, recibiendo la distinción la presidenta durante siete años, María del Carmen Adam y quien fuese su secretaria, Liliana Maccari.
Un momento especial se vivió también cuando las autoridades del club premiaron a la Biblioteca Juan Carlos Graff por sus 30 años d vida en simbiosis con el club.
Finalmente el Club El Progreso recibió plaquetas recordatorias de parte del Taller Protegido Santa María, de la subcomisión de patín y de la Asociación de Patín del Sudoeste.
Y luego siguió la música y el baile, con todo el mundo en la pista, disfrutando y agradeciendo al club por todo lo que les da y por ser el lugar de los sueños y los encuentros de toda la comunidad.
Para la madrugada quedó la elección de la reina –fue electa Brenda Schneider- que con su belleza representará al club durante todo este período que se inició el sábado por la noche con una fiesta de gran nivel.

Se llevará a cabo un 5º recorrido turístico con concurso fotográfico en Pueblo Santa María

domingo, 23 de agosto de 2015

Un recorrido por las colonias de Alemanes del Volga en Coronel Suárez, Buenos Aires

Por Johann Sparragus

Pueblo Santa Trinidad. 
Las calles de las tres colonias 
están organizadas de la misma 
manera que lo estaban en las
 aldeas de las cuales procedían 
en Rusia, es decir con calles 
de una sola salida, que resultaba 
aparentemente mejor para 
la organización de las tareas de
 un pueblo que aún se estaba armando.
Los Alemanes del Volga llegaron a la Argentina por un decreto del entonces presidente Nicolás Avellaneda, y se establecieron en Buenos Aires ya en el año 1878. Más tarde harían lo mismo en otras provincias fundando varias docenas de pueblos. Tres de ellos en el partido de Coronel Suárez, una ciudad del centro de la provincia de Buenos Aires, distante a 560 kilómetros de la Capital Federal, un lugar próspero que ha logrado destacarse  por la calidad de sus caballos polo, ganándose el mote de "Capital Mundial del Polo". Cuenta con unos 45.000 habitantes, y muy cercanas a la ciudad existen estas tres colonias de alemanes del Volga que guardan un gran patrimonio social e histórico.

Me había acercado hasta aquí con el fin de conocer estas colonias, y de ser posible, aprender algo de sus gentes. Hay más de 2.500.000 de descendientes de Alemanes del Volga en la Argentina, pero en pocos lados han mantenido sus costumbres como en las Colonias Alemanas de Coronel Suárez.
Tomando por Avda. San Martín, siempre rumbo al sur, se llega a Santa Trinidad, la primera de estas colonias en ser fundada, y la más cercana al ejido urbano de Coronel Suárez.
A Santa Trinidad se la conoce con el nombre de Colonia Uno, o Hildmann. Fue fundada en 1887 al igual que sus colonias hermanas.
Fue la que menos hectáreas recibió. Unas 500 que debían ser repartidas entre los colonos, que a base de  esfuerzo y con grandes conocimientos agrícolas, comenzaron a trabajar exitosamente las tierras. Según cuentan en el Museo de los alemanes del Volga, fueron los primeros en producir trigo (una variedad rusa) y quienes trajeron la primera maquinaria que ingreso al país, y que luego alquilaban a porcentaje en los campos vecinos.
Cada comunidad es bastante independiente de Coronel Suárez, y tienen su propia escuela, su iglesia, el club para los jóvenes (en este caso es el Club Social y Deportivo San Martín) en donde suceden los casamientos, el cementerio, y los pequeños comercios en donde se aprecia, por ejemplo, las costumbres culinarias de esta gente llegada de Rusia.
Tienen su lugar de recreación, el Parque Héroes de Malvinas distante a 1.5 kilómetros del casco urbano. Los eventos del pueblo suceden en un anfiteatro dedicado a uno de los pobladores más conocidos.
Las calles de Santa Trinidad están organizadas de la misma manera que lo estaban en las colonias de las cuales procedían en Rusia, es decir con calles de una sola salida, que resultaba aparentemente mejor para la organización de las tareas de un pueblo que aún se estaba armando.
En las tres colonias hay una avenida principal de unas 10 cuadras de largo que chocan con la última línea edilicia, en donde vivían los más ricos. Esto marca el lugar hasta donde se podía desarrollar el pueblo, ya que al llegar a un cierto número de habitantes, y tal como sucedía en el Volga, tenían que buscar otras tierras y formar nuevas colonias.
En estas avenidas suceden las actividades sociales y culturales más importantes de las colonias, y a diferencia de la mayoría de los pueblos de Argentina, no sucede en los alrededores de una gran plaza.
Las manzanas que vamos cruzando son rectangulares y no cuadradas. Los nombres de las calles están identificadas en español y en alemán (Steine Gasse, Ullman Gasse, Strudel Gasse, etc).
Un detalle característico de las casas es el uso de cenefas de madera en sus galerías, que tienen la peculiaridad de tener un diseño diferente para cada una de las familias de origen.
Las casas muestran diferentes niveles de calidad, de ladrillo en su mayoría. Son amplias y siempre se accede a ellas por un patio delantero, luego de sortear las citadas galerías. El espacio es privado y no suele ser visitado por gente ajena a la familia.
Continuando hacia el sur por la  misma Avda. Alemanes del Volga,  que comunica a las tres comunidades, y sólo dos kilómetros más adelante, se llega a San José, el siguiente pueblo.
San José, también conocida como Colonia 2, o Dehler, (como la llaman los colonos), es el más grande e importante de los tres Pueblos Alemanes de Coronel Suárez.
Sus habitantes originales, unas 15 familias, provienen de las aldeas de Dehler y Vollmar, y fue la colonia que mas hectáreas recibió (unas 25.000).
Los 53 metros de altura de las torres de la Parroquia San José Obrero de 1927 se ven a buena distancia, especialmente desde el área rural a espaldas de la ciudad.
La parroquia venía a reemplazar a una capilla anterior de madera que los lugareños usaban como templo, y que solo fue demolida una vez que hubo terminado la construcción de San José Obrero.
Es la más grande e importante de las iglesias de las colonias, y hasta 1900, la única. En dos oportunidades fue agrandada para recibir a más feligreses.
En sus torres alberga 4 campanas, y el día que cayó el gobierno de Perón, las tocaron con tanta fuerza que una de ellas cayó al piso, y hoy está exhibida junto a la iglesia.
Al igual que las otras colonias, San José también tiene un club por el cual sienten orgullo, en este caso el Club Atlético Independiente, "El Rojo de San José", fundado en 1938. El club es de gran importancia social y cultural para el pueblo, que en gran porcentaje es socia de la entidad. Adentro se encuentra la biblioteca y es donde suceden los bailes y los casamientos.
Si bien había escuchado alguna vez que Sergio Denis, ídolo de la canción romántica argentina, eran descendientes de alemanes, y más precisamente de San José, me sorprendí cuando vi una plaza con su nombre. La plaza es muy coqueta, con bancos, jardines y una calesita. Funciona desde 1993.
El cementerio funciona desde 1917 y fue donado a la Municipalidad de Coronel Suárez.
A unos 8 kilómetros de San José, y en dirección contraria a la Avda. Alemanes del Volga, se encuentra el Balneario Municipal Samuel Davies, (también vivero) bien armado con sector de parrillas, pileta, sombra, y todo lo necesario para pasar unas horas en contacto con la naturaleza.
Un programa que realmente vale la pena es venir a comer a Dominga. Tiene un menú muy esmerado, buenos panes y cerveza artesanal. Fue razón suficiente para quedarme una segunda noche en Coronel Suarez.
La tercera y última de las colonias alemanas es la que más alejada está de Coronel Suarez y también de la Avda. Alemanes del Volga que atraviesa las dos colonias anteriores. Por esta "lejanía" es que se dice que  Santa María es la colonia más cerrada, o la que mejor supo mantener sus tradiciones.
Santa María o Colonia 3, es conocida por los colonos como Kamenka, originalmente 9.800 hectáreas a repartir entre las 25 familias originales.
Entre las colonias, es la que más ejemplos de arquitectura del Volga tiene.
A Kamenka se accede por un boulevard de Alamos Plateados de varios kilómetros de largo.
La Iglesia Natividad de María, al igual que en los otros pueblos, se encuentra sobre la avenida principal que corta en forma transversal a las colonias, en este caso la Avda. 11 de Mayo, fecha en la cual fuera fundada Santa María.
La piedra fundacional fue colocada en 1897, pero sufrió significativos cambios en 1954. Al igual que en Santa Trinidad y en San José, se construyo un templo arriba del otro a modo de no perder días de culto.
El Club Social y Deportivo El Progreso parece ser, en cuanto a infraestructura, el más grande de los tres clubes de las colonias. Ocupan más de un edificio en el pueblo. Fundado en 1938 con el nombre de Foot Ball Club Progreso, juega un papel muy importante en la vida social del pueblo.
Otra opción culinaria para saborear platos alemanes la ofrece el restaurante Weimannhaus, aunque en Santa María hay más opciones que en las colonias anteriores.

El recorrido por las colonias de Santa Trinidad, San José, y Santa María, nos ofrece la posibilidad de ver cómo funcionaban estas colonias de inmigrantes con costumbres tan diferentes a los otros llegados a la Argentina, y como con el fruto de su esfuerzo mejoraron las zonas en donde eran recibidos.


La parroquia Santísima Trinidad, de Pueblo Santa Trinidad, es de 1917, y reemplaza al templo anterior de madera, tal como sucedería en las tres colonias. Es de una sola nave, con techo abovedado de madera y con una torre campanario central. 
Los 53 metros de altura de las torres de la Parroquia San José Obrero, de Pueblo San José, de 1927, se ven a buena distancia.La parroquia venía a reemplazar a una capilla anterior de madera que los lugareños usaban como templo, y que solo fue demolida una vez que hubo terminado la construcción de San José Obrero. Es la más grande e importante de las iglesias de las colonias, y hasta 1900, la única.

La residencia de las Hermanas Misioneras de la Congregación Argentina Siervas del Espíritu santo, de larga labor en la comunidad.
Si bien había escuchado alguna vez que Sergio Denis, ídolo de la canción romántica argentina, era descendiente de alemanes, y más precisamente de San José, me sorprendí cuando vi una plaza con su nombre. La plaza es muy coqueta, con bancos, jardines y una calecita. Funciona desde 1993.
El cementerio funciona desde 1917 y fue donado a la Municipalidad de Coronel Suárez.
A unos 8 kilómetros de San José, y en dirección contraria a la Avda.  Alemanes del Volga, se encuentra el Balneario Municipal Samuel Davies, (también vivero) bien armado con sector de parrillas, pileta, sombra, y todo lo necesario para pasar unas horas en contacto con la naturaleza.
A Kamenka, Pueblo Santa María, se accede por un boulevard de alamos plateados de varios kilómetros de largo.
La Iglesia Natividad de María, al igual que en los otros pueblos, se encuentra sobre la avenida principal que corta en forma transversal a las colonias, en este caso la Avda. 11 de Mayo, fecha en la cual fuera fundada Santa María. La piedra fundacional fue colocada en 1897, pero sufrió significativos cambios en 1954. Al igual que en Santa Trinidad y en San José, se construyo un templo arriba del otro a modo de no perder días de culto.
El Club Social y Deportivo El Progreso parece ser, en cuanto a infraestructura, el más grande de los tres clubes de las colonias. Ocupan más de un edificio en el pueblo. Fundado en 1938 con el nombre de Foot Ball Club Progreso, juega un papel muy importante en la vida social del pueblo.

Club El Progreso de Pueblo Santa María brindó por sus 77 años de vida


En el día del aniversario se reconoció la tarea de la primera subcomisión de tenis, presidida por Oscar Recovski. Previo al brindis se descubrió una galería fotográfica histórica con los grandes planteles futbolísticos del club y las reinas de la institución. Como todos los años, se ofició la Santa Misa en acción de gracias en la Parroquia Natividad de María Santísima.
 
Como es tradicional, la actividad social del Club "El Progreso" de Santa Maria cada 21 de agosto, día fundacional de la institución, comienza con la Misa de Acción de Gracias en la parroquia Natividad de María Santísima.
La ceremonia religiosa de este 2015 fue presidida por el Padre Leandro Volpe, a cargo de las comunidades alemanas tras la partida de la Congregación del Verbo Divino en el mes de mayo.
Luego de la Santa Misa, de la que participaron los abanderados de la institución, Comisión Directiva, socios, deportistas y vecinos de la localidad, la actividad se centró en el complejo de tenis de la institución con la finalidad de reconocer la labor de quienes fueron fundadores de esta disciplina en Club "El Progreso".
El Presidente de la Institución, Claudio Holzmann, remarcó que "bajo la presidencia de Luis Maier, en 1981 se decidió la creación de dos canchas de tenis y para ello se conformó una subcomisión a la que hoy queremos destacar: Oscar Recovski, Pedro Anselmo Maier, Rubén Weimann, Gregorio Streitenberger, Juan Agustín Schwerdt, Pedro Benito Graff, José Streitenberger, Orlando Kippes, Juan José Detzel, Alberto Streitenberger y Mario Graff".
Como presidente de la primer subcomisión de tenis, Oscar Recovski contó que "le propusimos a don Luis hacer dos canchas de tenis en este solar que tenían reservado para el natatorio y él, que ya venía con dificultad lo de las piletas, aceptó".
"Estas canchas se dieron producto de una serie de coincidencias. Con maquinaria municipal, donaciones de ladrilleras locales y mucho trabajo nuestro logramos todo esto. Desde el polvo de ladrillo del piso, hasta el alambrado olímpico, la iluminación, el riego artificial y la plantación de los ligustros y los cipreses".
"Las canchas hoy están igual que en el '81. Claro que en el medio hubo un periodo de abandono pero hoy es muy gratificante ver este predio recuperado", finalizó Recowsky para dar lugar a la palabra de dos compañeros de subcomisión, Rubén Weimann y Juan Schwerdt, quienes aseguraron que "nuestras canchas siempre fueron modelo, a tal punto que cuando llovía en Suárez y se inundaba la cancha de Blanco y Negro su mejor tenista, Gabriel Martelli, venía a entrenar aquí. También recordamos que las autoridades del Polo Club copiaron el diseño y la iluminación de nuestras canchas para las suyas. Hicimos cosas interesantes que son orgullo, como haber tenido la primer escuelita de tenis en la que un club le prestaba las raquetas a los chicos" finalizaron los integrantes de la subcomisión de tenis del año '81.
Siguiendo con la programación del aniversario, se descubrieron dos galerías fotográficas: una futbolística y otra con las reinas de la institución.
La galería fotográfica del fútbol está compuesta por los planteles del equipo campeón del ascenso y del equipo campeón de 1974. En nombre de todos los homenajeados habló Pedro Benito Graff quien pidió "a todos los que han pasado por el club que no se olviden de la institución. El club nos ha dado a todos más de lo que nosotros le dimos a él. No hace falta conformar la Comisión Directiva pero siempre es bueno que se acerquen para colaborar" finalizó.
Más tarde, divididas en cuatro grupos, se llamó a quienes fueron reinas de la institución. La primer reina de "El Progreso" fue Josefina Beier quien recibió su corona en 1957 y se encontraba presente en la noche del viernes.
Previo a aclarar que hay cinco años de los que no existen registros en las actas sobre quien fue la soberana, se fue llamando para descubrir la galería fotográfica a las reinas presentes, siendo recibidas con una flor.
Año 1957 Josefa Beber, ‘59 Olga Schroh, ‘60 Ana Delia Lambrecht, ‘61 Irma Graff, ‘63 Angelica Hengenreder, ‘65 Dora Graff, ‘68 Irma Schroh, ‘69 Carmen Fogel, ‘70 Rosa Ester Geringer. Año 1971 Zuly Kippes, ‘72 Norma Streitenberger, ‘73 Olga Meier, ‘74 Dora Holzmann, ‘75 Stella Maris Stremel, ‘76 Alicia Liliana Schneider, ‘77 María Liliana Streitenberger, ‘78 Olga Noemí Schneider, ‘79 Olga Beatriz Millar.
Año 1980 Nancy Graff, ‘81 María Alicia Heim, ‘82 Graciela Holzmann, ‘83 Dolly Maier, ‘84 Maria Belen Graff, 85 Fany Schneider, ‘86 Rosa Analía Resch, ‘87 Mariela Graff, ‘88 Mariela Leonor Graff, ‘89 Miriam Adam, ‘90 Silvana Andrea Urban, ‘91 Fabiana Graff, ‘92 Karina Geringer, ‘93 Fernanda Lauer, ‘94 María De Los Ángeles Meier, ‘95 Gisela Streitenberger, ‘96 Vanesa Distel, ‘97 Ana María Krieger, ‘98 Vanesa Haffner, ‘99 Zulema Meier.
Año 2000 Romina Hoffmann, 2001 Tania Mellinger, 2002 Erica Ditzel, 2003 Natalia Lambrecht, 2004 Florencia Streitenberger, 2005 Stefanía Bohn, 2006 Victoria Schofer, 2007 Pamela Adam, 2008 Natalia Eberle, 2009 Yamila Galiano, 2010 Micaela Maier, 2011 Belén Schofer, 2012 Mayra Sauer, 2013 Agustina Meier y 2014 Brisa Schreiber. 
Como cierre de la noche, previo a los breves mensajes del ex Presidente Eduardo Meier y del Dr. Ernesto Palenzona, la familia progesista levantó sus copas reafirmando el compromiso con la institución social, deportiva y cultural del Pueblo Santa María.