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sábado, 31 de enero de 2015

¿Quiénes son los alemanes del Volga?

Por Profesora Mariana Jacob
1618 -1648 / 1756 – 1763: El comienzo de la gesta emigratoria a la zona del río Volga se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, en una Europa conflictuada por las rivalidades de las casas reinantes, las profundas desavenencias religiosas y económicas. Las guerras habían diezmado la voluntad de los pueblos germanos y la halagüeña invitación por parte de Catalina II “La Grande”(de Rusia) hizo decidir a muchos europeos occidentales a abandonar sus tierras y emigrar al bajo Volga.

1762 – 1763
Fue en esa época, cuando apareció la talentosa y visionaria emperatriz, Catalina II de Rusia, con un claro concepto de sus deberes de gobernante y de estadista, en un Imperio con grandes extensiones semipobladas y con fértiles tierras sin cultivar; apenas en el trono, produjo con fecha 4 de diciembre de 1762 un primer Manifiesto, llamando a los colonos europeos a poblar las estepas rusas.
Ante la intensidad de la corriente migratoria hacia Hungría, los gobiernos estatales alemanes lanzaron una orden de prohibición en tal sentido, la cual coincidió con el "segundo Manifiesto" de Catalina, fechado el 22 de julio de 1763, que obtuvo un gran éxito; este Edicto de invitación es más amplio y preciso que el primero y estaba dirigido, en especial a los colonos alemanes.

1763 – 1767
El manifiesto de Catalina II fue respondido por polacos, holandeses, suecos, suizos, franceses y alemanes, estos últimos constituyeron el núcleo fundamental, el 80 % de las 30.000 personas que se dirigieron en ese primer contingente rumbo a Rusia.
Los caminos a través de la inmensidad de Rusia, quedaron marcados con los despojos de los engañados alemanes, que buscaban y añoraban crear un nuevo estilo de vida signado por la paz, el trabajo y el progreso; pero el lugar llamado Oraniembaum (hoy Lomosovo) debe ocupar más aún nuestra atención: allí la Corona Imperial Rusa hizo saber a los inmigrantes que, a diferencia de lo prometido en el Edicto o Manifiesto de 1763, el cual aseguraba plena libertad para elegir la profesión u oficio deseable en todo el territorio ruso y "que todos podían aplicar sus conocimientos y especialidades, tanto un oficial de ejército como un herrero, un agricultor, un comerciante, un deshollinador".... Mas, una vez impedidos de retroceder, se les hizo saber, en forma amable, y persuasivamente que todos, sin excepción, debían dedicarse a la colonización de las zonas del bajo Volga como agricultores.Oranienbaum fue el primer desengaño, aunque faltaba otro peor; a todos les fue tomado en dicho lugar un juramento de fidelidad a Su Majestad Imperial, cumpliéndose la ceremonia en las iglesias y en ayunas. De inmediato, todos los contingentes organizados, al mando de un oficial de la Corona, salieron hacia sus destinos, en la estepa inmensa del bajo Volga.
Se crearon 104 aldeas o colonias madres en la zona cercana a la rivera del río Volga. En el lado alto de la Bergseite (lado derecho del Volga) se establecieron inicialmente los colonizadores, en núcleos no mayores de mil familias, sobre los campos extendidos en un perímetro circular de 70 km; cada grupo, convenientemente delimitado, se consideraba como un distrito de colonización, dirigiéndose su administración desde las ciudades cabeceras de Saratov y Samara. Por ello, la parte occidental del Volga (Bergseite) fue la más antigua, ubicada a unos 40 kilómetros de Saratov, siendo Dobrinka, fundada el 29 de junio de 1764 —de confesión evangélica—, la primera radicación de alemanes en Rusia. La zona este del Volga (Wiesenseite) estaba ocupado por Quirquizios, Calmucos y Tártaros mongólicos, quienes se consideraban dueños de la zona; por lo tanto al establecer las colonias en la parte oeste del río, se estaba construyendo una muralla viva, un bloqueo humano contra esos invasores.

1767-1877
Durante los primeros 50 años de su permanencia en territorio ruso, los alemanes del Volga sufrieron diferentes ataques por parte de los pueblos nómadas. Los más crueles fueron Quirquizios y Bashkirios quienes secuestraban, violaban y comercializaban a chicos y mujeres en Manchuria, China. Además de esos vejámenes, asaltaban, incendiaban las viviendas y cosechas. Los Calmucos eran más inclinados al robo. Esta situación generó que los alemanes del Volga hicieran de sus casas verdaderas fortalezas, caracterizándose que los frentes de las viviendas no tenían puertas, solo ventanas para facilitar su defensa.

Para los rusos el concepto de "tiempos eternos" se limitaba a solo 100 años, por ende en el año 1863 el zar Alejandro I deroga los privilegios otorgados en el segundo edicto de Catalina II. Los principales puntos que motivaron la salida del Volga fueron:-la reducción de campos, propiedad de cada hombre-la posible imposición de practicar la religión ortodoxa oficial de Rusia, tal como ya había sucedido con católicos y protestantes de las costas del Mar Báltico-la eliminación de la administración independiente de cada aldea-la implementación del cobro de impuestos a los alemanes, por parte del gobierno-la obligación de cumplir el servicio militar-los años de sequía y falta de cosechas en la década del 70 del siglo XIX-el mantenimiento y traspaso de las escuelas parroquiales al gobierno y la imposición del aprendizaje del idioma ruso.Si bien esta triste realidad fue decepcionante para colonos y agricultores de clase baja y media, no ha sido tan grave para profesores, ingenieros, comerciantes, médicos, y otros alemanes de clase alta aristocrática, los cuales no emigraron del Volga.

La zona donde se instalaron era de suelos sumamente fértiles, tierras vírgenes lo que beneficio a los alemanes del Volga con abundantes cosechas. El trigo fue el cultivo dominante en las colonias de alemanes del Volga. Las aldeas se formaron cada una representando un pueblo o una colonia rural de Alemania, situación que ayudó a hacer menos doloroso el desarraigo. Sus profundas convicciones religiosas ayudaron a superar las serias dificultades y el horror a los que estuvieron expuestos los primeros 50 años. Duante todo este período se llegaron a constituir 107 aldeas madres (mutterkolonien) y las aldeas hijas o derivadas de aquellas (tochterkolonien).
En 1872 en la colonia de Balser (calvinista), en la Bergseite, se nombró una comisión de tres personas para viajar a EE.UU., en carácter de exploradores. Allí toman contacto con un señor que les informó que Brasil, en Sud América, tenía también interés en captar corrientes migratorias europeas para poblar su extenso territorio.
Se designó una comisión de adelantados, que realizaron un viaje de reconocimiento a la Argentina. Llegaron a Buenos Aires en Agosto de 1877. Paralelamente el presidente Avellaneda había creado una "oficina de colonización" y el "comisario general de Inmigración", presentaba un convenio entre aquellos y el gobierno. Los conceptos que movieron la política colonizadora del presidente Nicolás Avellaneda están sin duda en la ley 817 del 19 de octubre de 1876, denominada de "Inmigración y de Colonización". Guiado por la política que trasciende de la citada Ley, se esforzó por captar la corriente de emigrantes de las colonias del Volga.
En 1876 llegaron a Norteamerica las primeras 1600 personas, de una emigración de las colonias alemanas en Rusia, que siguio registrando movimiento en años posteriores.

1877 – 1914
El primer grupo de inmigrantes llego al Brasil presumiblemente en marzo de 1877, contando apenas 27 personas que se asentaron en Guarauna y continuaron llegando hasta los comienzos de la primera guerra mundial. Preferían Brasil ya que allí se habían asentado inmigrantes desde Alemania en los años 1824 y 1825.
Enterados de la aprobación del proyecto de Avellaneda, la comisión de los alemanes del Volga, volvió al Brasil. Allí ya esperaban ocho familias y tres hombres jóvenes. Este grupo llegó a Buenos Aires el 24 de diciembre de 1877 y de inmediato se lo envió por tren hasta Azul. Aparentemente esta era la región que habían preferido, de entre las que les fueron ofrecidas. Una vez allí recorrieron en carros tirados por bueyes, 35 kilómetros hasta el arroyo Hinojo, donde llegaron el 5 de enero de 1878, fundando de esta forma, lo que la colectividad considera su "colonia Madre", Hinojo, en las afueras de Olavarría. En el momento en que esta fundación tuvo lugar, hacía su arribo el conjunto de familias llegadas directamente desde el Volga, que fueron orientadas hacia Entre Ríos.
Por un decreto del 29 de enero de 1878, el Poder Ejecutivo Nacional decidió la creación de Colonia General Alvear, en el Departamento de Diamante, provincia de Entre Ríos. A tal efecto, fue dictada el 4 de febrero de 1878 una ley de expropiación por la que se afectaban 20.000 hectáreas para el asentamiento de los nuevos colonos. En día que no ha sido posible precisar, marcharon en dos navios Paraná arriba. Un barco llegó a Diamante en los primeros días de enero de 1878. Otro se desvió hacia Santa Fe. Más tarde muchos de éstos, vendrían a Entre Ríos. Fundaron al oriente del arroyo Pelado, en el Departamento Diamante, la Colonia "Santafesina". Las cifras no coinciden, pero si nos guiamos por el informe del Comisionado Nacional, Samuel Navarro, habrían sido unas 865 personas.
El campo de la futura Colonia Alvear, quedó así delimitado: Al Oeste el río Paraná; al Este una línea recta desde el arroyo Pelado; al Sur el arroyo Otoño, al Norte afluente del arroyo Salto; al Sur el arroyo Ensenada y al Norte el arroyo Salto. Todo en el Distrito Palmar del Departamento Diamante. Se fundaron a partir de entonces las siguientes aldeas: Vizcacheras, hoy Valle María (de origen Marienthal), esta población fue fundada el 21 de julio de 1878; Aldea Campo María (Marienfeld), hoy aldea Spatzenkutter,en los despuntes del arroyo Araña; Aldea "Bergseite Hehler", hoy aldea Salto; aldea "La Araña", hoy San Francisco sobre el arroyo Araña, Palmar o Peinero (1878); aldea Protestante sobre el arroyo Perdices, y aldea brasilera, en campo expropiado a Balujera.
Debido al crecimiento en las colonias instaladas en la Argentina y a la continua llegada de alemanes desde Rusia, se fundaron otras colonias que se sumaron a las primeras, las colonias son: En Buenos Aires: Colonia Nievas, Colonia San Miguel, Colonia 3 hoy pueblo Santa Maria, Colonia 2 hoy San Jose, Colonia 1 hoy Santa Trinidad, todo en cercania de Coronel Suarez. En el sur de Bahia Blanca se instalaron en Colonia Colorada Chica, Darregueiras, Villa Iris y 17 de Agosto.En La Pampa se fundaron nuevas colonias, Winifreda, Santa María y Santa Teresa, Guatraché, San Martin y Alpachiri estas tres últimas evangelicas En Entre Rios: Aldea San José (a 1Km de la estacion de ferrocarril Crespo), Aldea María Luisa, Santa María, San Rafael, Santa Rosa, Eigenfeld, San Juan , San Miguel y Santa Anita, San Antonio y Santa Celia, Colonia San Isidro. Los evangélicos procedentes de la Aldea "Protestante" de la Colonia Gral. Alvear fundaron: Colonia Mereou, Colonia Centenario(cerca de Viale), Colonia La Llave, Esperanza(cerca de Lucas Gonzales) y la Aldea Jacobi. En la zona del este de Entre Rios se fundó la actual ciudad de Urdinarrin (1879). En El Chaco se instalaron Presidencia Roque Saenz Peña, Charata, General Pinedo y Juan Jose Castelli.
Canadá también se interesó por los alemanes procedentes de Rusia. A ese país llegaron, principalmente, de la zona de Ucrania, y pertenecían a grupos que profesaban la religión menonita. A este país también llegaron contingentes menores del Mar Negro y del Volga. Grupos católicos que habían elegido primeramente EE.UU. como punto principal de su traslado, llegaron a Canadá a partir de 1890, como consecuencia que las primeras condiciones favorables que beneficiaron a los primeros grupos estaban desapareciendo y las tierras, por ejemplo, se ofrecían a valores excesivamente altas.

1914 - hasta la actualidad...
Para interpretar la importancia de esta inmigración en el contexto nacional, podemos decir que en la provincia de Buenos Aires, la Colonia Madre de Hinojo se extendió; en 1878 se fundó Nievas; en 1881, San Miguel e invadieron el sur bonaerense y La Pampa; desde allí llegaron al Chaco y también a Córdoba. Otros se afincaron aún más al sur, en la zona del Valle del Río Negro y Neuquen; en La Pampa la llegada de los alemanes del Volga puede identificarse fácilmente como desprendimiento de ambos focos originales: los católicos del sur de Buenos Aires y los evangélicos procedentes de Entre Ríos. Los primeros se establecieron en Santa María y Santa Teresa y los segundos en Guatraché, San Martín y Alpachiri. Alemanes del Volga hicieron crecer a Coronel Suárez, en Buenos Aires, a Colonia Winifreda, en La Pampa, a Presidencia Roque Sáenz Peña, en el Chaco. De acuerdo a los más ajustados cálculos realizados, se puede afirmar que cerca de un millón y medio de descendientes de los alemanes del Volga se distribuyen así en el país: 300.000 en Entre Ríos 350.000 en el Sur de la Pcia. de Bs. As. y La Pampa 300.000 en el Gran Bs. As. y zonas vecinas 300.000 en el resto del país (Chaco, Misiones, Formosa, Río Negro, etc.)
En la actualidad para que la historia de este pueblo se mantenga viva, depende de todos nosotros, de sus descendientes. Hay mucho por conocer y todavía queda mucho por contar!!!

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viernes, 30 de enero de 2015

Vengan a participar del Torneo de Kosser, el juego tradicional de los alemanes del Volga


La Subcomisión de Kosser de Club Social, Deportivo y Cultural El Progreso organiza un torneo de Kosser en el Centro Recreativo Domingo N. Moccero. Se desarrollará el 31 de enero a partir de las 14 horas. Al mediodía se organiza un almuerzo con asado. El valor de la tarjeta es de $130 por persona y el horario será a las 12:30 horas. Para participar del almuerzo comunicarse con Sergio Pfoh al número 2926 15 404219 o con integrantes de la Subcomisión de Kosser: Alberto Eberle y Antonio Eberle. Habrá un esmerado servicio de cantina con kiosco, helados, etc.

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Celebración de las Bodas de Oro de la entronización de la Virgen de Fátima en la Gruta


La comunidad de Pueblo Santa María está preparando para el 22 de febrero la celebración de los 50 años de la bendición de la Gruta Nuestra Señora de Fátima, ubicada a las puertas del acceso a la colonia.

La comunidad de Pueblo Santa María está preparando para el 22 de febrero la celebración de los 50 años de la bendición de la Gruta Nuestra Señora de Fátima, ubicada a las puertas del acceso de la tercera Colonia Alemana.
Corría el año 1961 cuando una sequía que se prolongaba afectaba la producción de los campos. El Padre Peter, Sacerdote que entonces cumplía tareas pastorales en Santa María, propuso encomendarse a la Virgen Patrona del pueblo, con sucesivas procesiones para pedir por agua, bajo la promesa de erigir un lugar de oración que tuviera su imagen. 
Finalmente, hacia 1963, la lluvia bendijo los campos, permitió florecientes frutos de la tierra y sobrevino la intención de todos los colonos de responder el compromiso con el levantamiento de una Gruta. 
La imagen de la Virgen de Fátima la trajo el Padre Peter desde Alemania, pero no pudo pasar la Aduana hasta varios meses después, luego que las autoridades de entonces comprobaran que en su interior no había droga, como sospechaban entonces.
Cincuenta años después de la entronización de la imagen de la Virgen, la que fue movida del lugar para que encabezara la tradicional procesión anual solamente en el 40º aniversario, volverá a hacerse lo mismo ahora, para las Bodas de Oro, donde los pobladores y todos los fieles que quieran volverán a marchar en procesión para rendirle honores, agradeciendo los frutos obtenidos de la tierra este año y pidiéndole por las próximas cosechas.
Consultado Oscar Baumgaertner expresó que ya desde el año pasado está trabajando una Comisión pro festejo Bodas de Oro, que ha preparado diferentes actividades en el marco de este acontecimiento especial.
“Tenemos que estar en todos los detalles para que salga todo lo mejor posible”, dijo a la Radio. Indicando que “vamos a comenzar el día 19 de febrero con el Triduo. Ese día vamos a traer la imagen de la Virgen, solemnemente, la que será recibida por el pueblo en la Iglesia. A las 18:30 horas comienza el Triduo con el rezo del Rosario a lo largo de tres días. El domingo, a las 17:30 horas, va a salir la procesión hacia la Gruta, trasladando la imagen original. Vamos a hacer lo posible preparando la carroza como se hizo entonces para oficiar la Santa Misa a las 18:30 horas. Cursamos invitación al Arzobispo y a los Sacerdotes vecinos”.

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lunes, 26 de enero de 2015

UN RECORRIDO POR TRES COLONIAS DE LOS DESCENDIENTES DE LOS ALEMANES DEL VOLGA EN ARGENTINA

¿Qué es colonia Santa Trinidad?

 Por Ana Paula Rosillo Alexandroff
www.diariolaopinion.com.ar
 La inmigración es mixtura, cambio y esperanza. Trasluce ánimo de modificación, necesidad de transformación, implica casi siempre aventurarse, animarse, atreverse. Convierte los deseos en ansias de progreso, las expectativas en tierra fértil de prosperidad. En Argentina durante varias corrientes inmigratorias, trajeron a cuestas sus usos y costumbres, tradiciones y hábitos, mitos y religiones. En el caso de los alemanes del Volga, desde Europa atesoraron nuevos rumbos por recorrer instalándose en las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires.

Los alemanes del Volga eran alemanes étnicos que vivían en las cercanías del Volga en la región europea meridional de Rusia, alrededor de Sarátov y al sur, que conservaron el idioma alemán, la cultura alemana, sus tradiciones e iglesias, todas cristianas: católicos, protestantes luteranos y menonitas. Numerosos alemanes del Volga emigraron a Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y otros países a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Los que llegaron a la Argentina lo hicieron merced a una ley del entonces presidente argentino Nicolás Avellaneda. La primera colonia se estableció en Hinojo, cerca de Olavarría en la provincia de Buenos Aires, el 5 de enero de 1878, y otros lo hicieron en el departamento entrerriano de Diamante el 24 de enero del mismo año, fundando General Alvear. Más tarde lo fueron haciendo en el resto de las provincias. La población total de descendientes de alemanes del Volga en la Argentina está estimada en algo más de 2.000.000 de habitantes.

SANTA TRINIDAD

Es un pueblo rural que pertenece al partido de Coronel Suárez, ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Geográficamente pertenece a la región pampeana y dentro de esta a la subregión de la llanura Interserrana y de la Ventania, representada por una extensa planicie acompañada de un sistema serrano.
El partido comprende una superficie de 5.985 km2 y limita con los distritos de Guaminí, Daireaux, General La Madrid, Coronel Pringles, Tornquist, Saavedra y Adolfo Alsina. El distrito está integrado por 17 localidades y parajes, la colonia Santa Trinidad es un lugar para ser visitado, conocer sus tradiciones, costumbres, idioma, comidas, danzas y arquitectura. Se encuentra a 240 metros sobre el nivel del mar, es un pequeño asentamiento rural de manzanas irregulares, que conserva un trazado urbano con pautas culturales propias del lugar de origen de sus colonos, en el valle del río Volga al sur de Rusia, muy diferente con relación a las ciudades hipanoamericanas, con casas centenarias, sus calles, su plaza, el club y el templo parroquial. Cuenta también con escuelas, unidad sanitaria, destacamento policial, parroquia, delegación municipal y otras instituciones. Fue creada el 3 de septiembre de 1887, en octubre se celebran las fiestas patronales o kerb y el Encuentro Regional del Acordeón. 

UN POCO DE HISTORIA 

A mediados de la segunda mitad del siglo XVIII, la emperatriz Catalina II de Rusia produjo un manifiesto llamando a los colonos europeos a poblar las estepas rusas. Las largas guerras, ocupaciones, saqueos extranjeros, malas cosechas, impuestos elevados, fueron las causas decisivas para el éxodo de los colonos alemanes hacia la zona sur del río Volga, buscando la salvación en esas tierras desconocidas para ellos. Durante un largo siglo poblaron esas tierras vírgenes, formando varias colonias a ambas márgenes del río. Desaparecida Catalina II y con el paso del tiempo, el imperio ruso quiso que los colonos alemanes, ya no tuvieran ciertos privilegios. La poca autonomía de la cual gozaban les fue denegada, dejaron de renovarles los contratos de las tierras y todo condujo a que buscaran nuevos horizontes. Dirigieron sus destinos hacia Norteamérica y Brasil donde se establecieron muchas familias. En Argentina la llegada de los alemanes del Volga comienza un 24 de diciembre de 1877 cuando arriba el primer grupo de familias a las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires. En ésta última, en las inmediaciones de Olavarría, fundan la colonia Santa María de Hinojo. El 5 de enero de 1878 se considera la fecha de fundación de la colonia madre (Hinojo) de la colonización alemana del Volga en Argentina. Siete años más tarde de esta fundación llegan al puerto de Buenos Aires 50 familias más de alemanes del Volga procedentes de las colonias de Kamenka, Hildmann, Dehler y Vollmar, en el vapor Strasburg. 

TRAZADO URBANO

Su principal actividad fue la agricultura, a la que sumaron como actividad complementaria la ganadería y los trabajos de granja. Los primeros pobladores eran expertos labradores de la tierra, ese fue uno de los motivos que los hicieron emigrar a este país. Según el relato de Andrés Marcelo Diel y Catalina Scheffer, grupos de familias acarreaban arena que obtenían del arroyo Sauce Corto, llegando inclusive hasta las sierras de Ventania, destinada a la construcción de viviendas. Con mucho sacrificio comenzaron a construir sus casas, generalmente de adobe o de piedra, el templo, escuelas, que distribuyeron de acuerdo al trazado de sus colonias en Rusia, con calles de una sola salida, para facilitar la organización y el control de los colonos. A la calle principal o calle de la entrada la llamaban “la calle de los ricos”, también estaban “la calle patronal” o “la calle ancha”y la calle de atrás, donde vivía la gente más humilde, aquellos que no tenían tierras. 

LA ARQUITECTURA

Si bien hay diferentes etapas y tipologías de viviendas en las colonias, hay que tener en cuenta que se trata de un patrimonio rural y modesto, en contraposición a la arquitectura rural de las grandes estancias. Los primeros colonos construyeron según la tradición popular que acostumbraban en el Volga, donde en su momento plasmaron costumbres constructivas europeas, como proporciones, trabajo en ladrillo y ubicación del acceso, que se adaptaron al territorio ruso. Una característica común que se aplica a todas las tipologías, es la ubicación del acceso a la vivienda. Este se ubica lateralmente al volumen que da hacia la calle, entrando en primera instancia al patio, luego a la galería y recién en una tercera instancia al espacio cerrado y privado de la vivienda. 
La avenida Libertad presenta como nombre original en dialecto alemán Vordere Gasse y popularmente la llaman “calle ancha”. Aquí se ubican las instituciones principales como la iglesia, la escuela y las viviendas de las familias más acomodadas de la comunidad. En las colonias este espacio es el equivalente a la plaza de los pueblos trazados con el damero colonial hispano. En su plazoleta central, se ubican monumentos que rinden homenaje a acontecimientos o personajes históricos y a los valores de la cultura ruso-alemana. 

GRACIAS A LA RIFA

En 1887 se colocó la primera cruz de madera donde hoy está la iglesia. Los colonos imploraban por sus familias, sus cosechas y por la pronta construcción de un templo. Hasta el año 1900, la parroquia del pueblo San José abarcaba las tres comunidades en cuanto a lo religioso, se registraban todas las actas, tanto de bautismo como casamientos. En 1889 se establece con gran esfuerzo la primera capilla de madera y recién en 1917, el Padre Juan Thomala, impulsó la construcción de la nueva y definitiva iglesia, que al igual que en pueblo San José se edificó dejando dentro la existente, para que una vez terminada la nueva, recién demolerla. La construcción de este templo fue posible gracias a la rifa de un automóvil Packard, rifa que circuló por toda la provincia de Buenos Aires, sin que apareciera alguien a reclamar el premio, con lo cual todo se destinó al templo. 

Fuentes: Centro de Investigaciones Territoriales y Ambientales Bonaerenses. El Banco Provincia y los pueblos.
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“Tiempos de muchos sacrificios; pero también de felicidad”

Tambera. Quintera. Trabajadora rural. Huérfana de padre. Sin adolescencia. María Sauer falleció hace unos días en la Capital Federal. Nos dejó su legado en una entrevista concedida unos días antes de morir.

“Mi papá murió cuando tenía trece años. Mi hermano mayor dieciséis y mi madre treinta y ocho. Éramos ocho hermanos y una mujer ordeñando en el tambo, a partir de las cuatro de la mañana, con las piernas metidas en el fango de barro y bosta hasta las rodillas, con lluvia, con mucho frío. En invierno se nos congelaban las manos. Las vacas tenían el lomo blanco por las heladas. Pero la leche debía en los tarros para cuando pasara el carro que los buscaba para llevarlos a la fábrica de quesos, a las ocho y media.
“Mis hermanos menores lloraban. Estábamos a la intemperie. Nada importaba. No había queja posible: había que trabajar para sobrevivir. Teníamos una quinta de verduras enorme, que había que regar todos los días con baldes de veinte litros de agua, hacíamos conservas y dulces para todo el año. Carneábamos dos veces al año y hacíamos chorizos, jamones, de todo. Mamía cosía ropa para fuera. Horneábamos el pan en el horno de barro. Teníamos unas pocas ovejas para consumo. Un gallinero, que era un galponcito con aves y animales domésticos de todo tipo. Mamá vendía huevos, gallinas, pavos, gansos; lechones; leche, manteca, crema, ricota…
“Vivíamos cerca de la colonia, en un campo de ochenta hectáreas que nos dejó papá. En las que también se sembraba un poco de pastura y trigo.
“Mamá nunca se volvió a casar. Murió a los noventa y dos años, en la chacra donde enviudó y vivió toda su vida. Y de la cual partí para buscar trabajo en otras ciudades, hasta recalar en la Capital Federal. Donde vivo. Sola. Jamás me casé.
“Hice de todo para sobrevivir, igual que mi madre. Pero mi historia de grande no es tan importante. Lo importante es recordar la niñez y la vida que llevamos en aquellos lejanos tiempos. Tiempos de sacrificios; pero también de mucha felicidad. Porque éramos felices de estar en familia, todos juntos. Había unión. No importaba la pobreza. Lo más importante era la familia y la fe en Dios. Por eso todos salimos buenas personas”.

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viernes, 23 de enero de 2015

Tito Kraser, con una acción comunitaria silenciosa


“Le tengo que agradecer a mis padres que me daban rienda libre para hacer todo lo que quisiera”.

Hace unos días atrás interpretó a Sergio Dalma, Franco De Vita, Sergio Denis y otros cantantes para diversión de todos los que estaban compartiendo un momento recreativo en la colonia de vacaciones de los Adultos Mayores. 
Cuando todavía no estaba en funcionamiento el Comedor Espíritu Santo Tito Kraser llevaba a los chicos que veía con necesidades alimentarias a comer a su casa. A través del Club San Martín los buscaba para que realicen actividades deportivas, como una forma de alejarlos de flagelos que están muy presentes para las nuevas generaciones. 
En definitiva, tiene una esencia amistosa y solidaria que derrama en los lugares que recorre. 
Explica que tiene 50 años, no tiene hijos propios y tal vez ésta sea una manera de incrementar su familia. De hecho sus sobrinos, que bien lo conocen, más de una vez lo llaman para recordarle que está por expirar el día de su cumpleaños y todavía el tío no se ha hecho presente, aunque sea a través del teléfono para saludarlos. Lo conocen y saben que suele olvidarse de las fechas, lo que no mengua la bondad que lo caracteriza.
“Le tengo que agradecer a mis padres que me daban rienda libre para hacer todo lo que quisiera, aunque más de una vez me reprochaban que llegaba del fútbol a las 7 de la tarde y a las 7:30 hs. salía para dar la charla de bautismo. Me gusta servir a la comunidad, lo hago para ayudar. Agradezco que vean esos valores en mí. Tengo esta naturaleza de ser. Por ahí pierdo en lo económico o en lo afectivo. No hago tantas cosas por mis sobrinos como lo hago por chicos ajenos a mi familia. Por eso les pido disculpas a los míos porque me olvido de fechas. El otro día una sobrina me llama doce menos diez de la noche y me dice ‘tenes 5 minutos para acordarte de mi cumpleaños’. En ocasiones a muchos chicos los ayudé, los llevé a dormir a mi casa porque no tenía compromiso con otra persona ni con una pareja, son cosas naturales que me salen”.
Todo se incrementó con la crisis de Gatic: “en el primer lío, cuando quedamos mucha gente sin trabajo, gracias a la colaboración de Darío Gomez, llegamos a juntar muchos chicos del Barrio Los Manantiales. A través del club proponía que formemos nuevas divisiones para darle lugar a que pudieran jugar todos los chicos. Ese fue un inicio muy bueno, porque a través del deporte sumábamos a muchos chicos que si no estaban en la calle o permanecían muchas horas solos en sus casas, sin la presencia de sus padres que estaban trabajando”.
Tito Kraser, con una acción comunitaria silenciosa, sostenida en el tiempo y realizada con mucha convicción.

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jueves, 22 de enero de 2015

Se anunciaron las fiestas tradicionales para el 2015


Juan Hippener, Presidente de la Asociación Argentina de Descendientes de Alemanes del Volga, y sus anuncios para el 2015: “Vamos a festejar el aniversario del Club Germano, los 75 años, que es el 30 de marzo; en mayo vamos a organizar la cena y baile donde traeremos a la orquesta que teníamos contratada para la Fiesta de la Cerveza que suspendimos el año pasado. Se trata de Maravillas Alemanas, de Crespo, Entre Ríos. También tenemos previsto realizar la Fiesta de la Carneada”.
 
Esta fue la respuesta de Juan Hippener al ser consultado sobre las fiestas que la entidad proyecta llevar a cabo este año. 
Desde hace unos años la Asociación Alemanes del Volga ha vuelto a trabajar en conjunto con el Club Germano, retornando a una relación conjunta que tuvieron en sus orígenes. 
Este año, el 30 de marzo, se cumplen 75 años del Club Germano Argentino de Pueblo San José, por lo que en el marco de las Kerb de la segunda Colonia Alemana será esta entidad la anfitriona para la cena y baile de las Fiestas Patronales, celebrando también su propio aniversario. 
Para la Fiesta de la Carneada está prevista la presentación de la Orquesta Santa Anita y se llevará a cabo en el mes de agosto.
Mientras tanto que una gran preocupación para la Asociación Alemanes del Volga es la realización de la Fiesta de la Cerveza, que el año pasado quedó trunca, porque faltando 20 días solamente se habían vendido unas 200 tarjetas. 
Dijo Juan Hippener: “quiero que me digan cómo hacerla. Si lo hacemos con mucho ruido hay problemas con la gente, si la hacemos canilla libre también hay problemas porque nos dicen que hay muchos ebrios. Si lo hacemos caro y sin canilla libre pierde la esencia de la fiesta. Yo quisiera que me dijeran cómo hacerla para evitar estos inconvenientes y no perder una realización tradicional para nuestros Pueblos Alemanes”.
Más adelante Juan Hippener manifestó su preocupación porque se terminen perdiendo tradiciones, costumbres y cultura de las Colonias. 
Sobre el particular trajo a colación que en el curso intensivo de alemán que las dos entidades están brindando con la Profesora Celia Sander no lo están tomando habitantes de los Pueblos Alemanes. Por eso insistió en su preocupación porque la gente descendiente de los alemanes del Volga pierda interés en preservar su propia cultura.

Tres ejemplares de Hilando Recuerdos de regalo con la compra de un libro Aprender a vivir. Hilando Recuerdos rescata la historia, cultura, tradiciones, costumbres, anécdotas, vivencias, juegos y fotografías antiguas de los alemanes del Volga. (Para adquirirlo comunicarse a e-mail: juliomelchior@hotmail.com) Se envía a todo el país.

Cooperativa Strick Nadel de Pueblo Santa Trinidad


A punto de empezar la colección de invierno en prendas tejidas.

Fabiana Schmidt y Claudia Lang son integrantes de la Cooperativa de mujeres que desde hace dos años viene formándose en la producción de prendas tejidas, tanto al crochet como con dos agujas, y ahora también con tejidos a máquina.
“Strick Nadel” significa, en idioma alemán, agujas de tejer. 
“Hace dos años que empezamos, hemos tenido idas y venidas y ahora estamos trabajando con mayor organización como Cooperativa”, relatan las dos mujeres consultadas.
Cuentan que una aprendió a tejer cuando era niña, por las enseñanzas de su madre. 
La vida en el campo implicaba la posibilidad de aprender estos oficios desde pequeña, para entretener las horas libres. Esto en el caso de Fabiana.
Claudia, por su parte, recuerda que aprendió a tejer con los cursos de corte, confección y tejido que se dictaban en la Escuela de Pueblo Santa María: “las Monjas del lugar nos enseñaban corte, confección y también a tejer al crochet, a pintar, varias cosas. Tejíamos carpetas para las casas, con hilos bien finitos”, recuerda. 
Luego perfeccionaron sus conocimientos con lo que les enseñó Alicia Ituriza, en las capacitaciones que se brindaban en la vieja Delegación de Pueblo San José.
El producto obtenido por estas manos laboriosas resulta genial, de una belleza extraordinaria. Han hecho vestidos completos tejidos, chalecos, sacos, completando o adornando prendas de tela como vestidos, pantalones cortos y otros productos. 
El año pasado tomaron contacto con la diseñadora Silvana Galano, quien en su local “5 Sentidos” vende las prendas que este grupo de mujeres confeccionan.
En estos días han recibido un subsidio desde Nación, gestionada por la Municipalidad, con el cual podrán adquirir máquinas para tejer de última generación que permitirá hacer prendas con diferentes diseños. 
Proyectan elaborar, con la conducción de la diseñadora, una colección de prendas para la próxima temporada invernal, cuyo catálogo se estará presentando, estimativamente, en el próximo mes de abril.

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lunes, 19 de enero de 2015

Memorias de una abuela de Entre Ríos que, acompañada de su hija, visitó la redacción de Periódico Cultural Hilando recuerdos

“Nací en una pequeña aldea de Entre Ríos –cuenta Doña Ana Heit-, donde lo más importante es la iglesia, muy reducida, en donde se venera a un santo, una imagen grande y hermosa. Todavía es el santo patrono y está en un templo más moderno. Y por la fe de la gente sigue haciendo muchos prodigios”.

“Cuando era niña las costumbres eran muy diferentes: había una sola escuela, que era parroquial, donde las niñas y los niños se sentaban en pupitres separados; no conocíamos ni cuadernos ni libros; sólo teníamos una pizarra que era como un tablero pequeño del tamaño de un cuaderno pero de una piedra delgada; se escribía con una especie de tiza y se podía borrar. La tragedia más grande era que se te quebrara la pizarra. Mis padres eran muy humildes y no podían volver a comprar otra”, revela como introducción Doña Ana.
“Yo creo que mi abuelita se parecía a una linda muñeca, tenía el pelo negro con trenzas largas, cara rosadita por el clima y celestes, grandes y picarones; con una sonrisa fantástica  muy alegre y ayudadora. Lástima que en esa época no nadie tenía cámaras fotográficas”, se lamenta.
“Lo que más se comía en casa era sopa, Klees, Wicknudel, Maultasche… No se hacían muchos platos ni jugos porque no había luz ni electrodomésticos. Mi madre cocinaba en una cocina a leña. Cada familia tenía su huerta para sembrar verduras”, rememora con nostalgia.
“En las horas libres debía ayudar en la casa: lavar ropa, alimentar a los pollos y a  las gallinas, ordeñar a las vacas, hilar lana, tejer,  cuidar a mis dos hermanitos, ayudar a cocinar, traer agua… Pero me divertía mucho haciendo todo eso.  Además cuidaba un corderito que nos había regalado mi abuelo. También tenía varios amigas y amigos, cuando había tiempo compartíamos juegos y una linda muñeca que me trajo mi tío. Los domingos el mayor acontecimiento era ir a misa en familia”, concluye Doña Ana Heit que en ningún momento de la entrevista revela la aldea en la cual nació. Dando a entender que, a pesar de todos los recuerdos que reveló a Periódico Cultural Hilando recuerdos, desea olvidar su pasado.

viernes, 16 de enero de 2015

Panadería San José, de la Familia Holzman


Muchos años de historia y tradición familiar en el rubro. Edgardo Holzman se emociona al recordar que su padre Honorio y Mingo, su tío, en el año 2012, en oportunidad de las Kerb, recibieron un reconocimiento por tantos años de trabajo y por haber sido parte de uno de los lugares más emblemáticos de Pueblo San José.

Es una panadería que tiene muchos años de historia en Pueblo San José, en una esquina tradicional, sobre San Lorenzo y la Avenida Alemanes del Volga. 
A pesar que hace pocos años, en el 2012, previo a la fiesta de las 10.000 personas que organizó la Asociación Alemanes del Volga, fue renovada, se conservó el valor arquitectónico e histórico del lugar. 
Consultado su actual propietario, Edgardo Honorio Holzman, relató que la panadería data del año 1927.
“Mi abuelo, Enrique Holzman, la compró el 15 de febrero del año 1950. Tenía 70 hectáreas de campo y eran cuatro hijos varones. En esa época el campo no redituaba para poder cobijar a todos los hijos, fue por eso que con unos primos, los Schwab, que después tuvieron la empresa de colectivos La Unión, resolvieron cambiar el campo por la panadería. Ahí nace esta empresa familiar, que se inició con el padre, los cuatro hijos, luego se incorporaron dos yernos, con lo cual pasaron a trabajar 6 dentro de la cuadra”.
Don Honorio Holzman, quien falleció en agosto del año 2013, padre de Edgardo, pasó 55 años dentro de la panadería. Tenía 14 años cuando comenzó con la actividad, acompañando a sus hermanos y a su padre. La sociedad familiar estuvo hasta el año 91 ó 92.
El lugar rebosa historia por cada uno de los poros de las paredes, desde el antiquísimo mostrador que tiene impregnadas las huellas de muchas horas de trabajo atendiendo gente, luego de hornear el pan desde hora muy temprana. 
Denuncia sus años y el respeto que hoy mantienen por el lugar los canastos de mimbre en los que el pan espera la llegada de los clientes que buscan el crujiente y sabroso producto. También desde las diferentes variedades que cada jornada se elaboran. 
Es posible encontrar allí el pan trenzado, característico de esta panadería, de un particular sabor dulzón, que fue inventado por don Honorio, en una tarde de hace muchos años, cuando comenzó a probar diferentes mezclas y sabores, obteniendo un preciado producto, no solamente en Coronel Suárez o los Pueblos Alemanes, sino también desde otras localidades de alrededor, como es el caso de la zona serrana, donde en algunas cabañas se sirve ese pan trenzado con el desayuno. 
Y la clásica galleta de campo. Esa que es posible hacer en los hornos tradicionales, donde el pan se cuece lentamente con el calor logrado tras muchas horas de tenerlo encendido, y donde el material interior refracta la temperatura hacia el pan. La galleta de campo, redonda, grande, crujiente, dorada, la misma que muchos recordarán que luego de dos o tres días de oreo se rompe con un golpe seco del puño, contra la mesa, y que cuanto más días pasan más sabrosa resulta. 
Edgardo Holzman se emociona al recordar que su padre Honorio y Mingo, su tío, en el año 2012, en oportunidad de las Kerb, recibieron un reconocimiento por tantos años de trabajo y por haber sido parte de uno de los lugares más emblemáticos de Pueblo San José.
Cuenta las anécdotas de los días que se invirtieron, años, mucho tiempo, mucho esfuerzo y mucho dinero para remozar la tradicional panadería, y bajo la conducción de la Arquitecta Nora Coppi lograron respetar su arquitectura y preservar su historia. Y dice que su esfuerzo está puesto en preservar lo más que pueda todo cuanto hay en lugar, conservándolo tal cual. 
Panadería San José, de la familia Holzman, un lugar tradicional de la segunda Colonia Alemana, donde el aroma del pan recién horneado remite a los mejores recuerdos de toda una vida de trabajo.

De regalo tres ejemplares de Hilando Recuerdos y un mapa del Volga y sus aldeas, con la compra de un libro Aprender a vivir. (Para adquirirlo comunicarse a e-mail: juliomelchior@hotmail.com) Se envía a todo el país.

martes, 13 de enero de 2015

En la localidad de Huanguelén se está formando una Asociación de Descendientes de Alemanes


El 21 de marzo prevén una cena y baile.

Becker, Gottfried, Streitemberger, Resch. Son apellidos que también hay en la localidad de Huanguelén. Son de raíz alemana, es decir, descendientes de alemanes del Volga que con el transcurso de los años y por diversas circunstancias (nuevas uniones, trabajo, etc.) han ido a vivir en esa localidad. 
Son esos descendientes los que han comenzado a reunirse, a revisar sus historias familiares, sus orígenes alemanes y están proyectando formar una Asociación.
La mejor forma de inaugurar una institución de este tipo es con una cena y baile. Por supuesto que la gastronomía será típicamente alemana. Cuentan con un padrino para la formación de la Asociación que es de Pueblo Santa María.
Para el 21 de marzo está prevista una cena y baile, en las renovadas instalaciones del Prado Español.
Sobre todo esto La Nueva Radio Suárez habló con María Elena Ferreyra, cuyo esposo, Oscar Resch, tiene sus raíces familiares en la tercera Colonia Alemana.

El regador

Las tardes de las colonias, en la década del setenta, se deslizaban lentas. Sólo el arrullo de las palomas estremecía el silencio. Después de la siesta salíamos a jugar. El rito lo completaba una naranja o una manzana. Pero el momento de mayor emoción llegaba con el regador. El motor del tractor se escuchaba desde lejos como un inconfundible rumor opacado por el ruido del agua y su presión. Inmediatamente corríamos a sentarnos en el borde de la vereda, calculando si el chorro nos alcanzaría o pasaría apenas salpicando.
Todo dependía de la presión que el chofer le impusiera. Si con suerte venía uno con ganas de divertirse, aumentaba la presión; entonces, el chorro crecía hasta cubrir la mitad de las veredas obligándonos a escapar y pegar la espalda contra la pared entre risas nerviosas. Claro que alguno de los varones aceptaba gustoso el reto y se dejaba envolver por el enorme chorro, mientras las chicas gritaban con una mezcla de horror, admiración y algo de envidia. Tras el paso del tractor, el barrio quedaba perfumado por el inconfundible aroma de tierra mojada.
Melancólicos recuerdos que todavía sobreviven como sobrevive, pese al avance tecnológico y al crecimiento de las colonias, el regador. Las décadas han trascurrido, he dejado de ser un niño, pero en mi alma aún perdura aquella sonrisa pícara de querer  cometer una travesura cada vez que veo pasar el regador.

Mi infancia se quedó allí

Por Luis de la Fuente
 

Mi infancia se quedó allí, no en las aulas ni en las galerías, sino entre las nubes de polvo que se levantaban sobre la arena del patio de recreo. Allí se quedó ese sol, redondo y amarillo, que alumbraba horas eternas, la juventud de mis padres y la madurez de mis abuelos; allí se quedó mi inocencia, el niño Jesús y la cigüeña que traía a los niños de Paris volando. Se quedó mi primer amor y mi primer desengaño. Mi primera pelea se quedó allí, mi primer miedo. Se quedó la muerte de la madre de mi compañero, tan querido, y la de mi tío Juan; la canica de cristal, el tren eléctrico y la bicicleta que con todo su cariño me regaló mi abuela; la sonrisa abierta, la ilusión sincera, la confianza. Se quedó el futuro proyectado de mi vida. Se quedó mi infancia. Se quedó allí, flotando entre nubes de polvo. En aquel patio de recreo.

Recuerdos de la escuela primaria

Por Carlos Emilio Araujo
Fuente: “Tango y Cultura Porteña”
 FM 97.9  Radio Cultura.
Emisión Nº 24. 11 Octubre de 1999
 
Comenzábamos la escuela primaria cursando el primer grado inferior. Era todo un acontecimiento el de colocarse el guardapolvo blanco, planchado y almidonado. Zapatos de cuero lustrado, si se tenía la buena suerte de tener un par, o simplemente alpargatas, si se tenía la mala suerte de ser pobre, como la mayoría de los chicos de las colonias; y un peinado impecable. Así se salía de casa pero al regreso, al guardapolvo le faltaba un botón, tenía manchas por todos lados y estaba casi deshecho.
En los primeros meses no se usaba tinta; sólo se escribía con lápiz negro, empezando con los palotes y luego las letras. El libro de lectura nos introducía en la maravillosa aventura de aprender a leer: “mi mamá me ama”.
La cartera escolar, colgada en bandolera, era de cuero, delgado o grueso y alojaba los elementos imprescindibles para las tareas diarias, que se realizaban de lunes a sábados. Cuaderno borrador y cuaderno de clase; libro de lectura y Manual del Alumno; caja de útiles de madera donde guardábamos lápiz, lapicera con su pluma cucharita o cucharón, sacapuntas tradicional o aquel otro que usaba hojitas de afeitar ya utilizadas; compás, limpia plumas elaborado con recortes de género unidos con un botón central; goma de borrar para lápiz y tinta; el papel glacé y el papel secante. Goma de pegar; lápices de colores en cajas de 6 o 12 unidades.
Las escuelas parroquiales eran parecidas entre sí: rigor, orden y autoridad. Las escuelas estatales, en la época de Perón, nos ofrecían un riquísimo desayuno consistente en una taza de leche chocolatada acompañada de un pancito: un majar que hasta ese momento nunca habíamos tenido la dicha de saborear.
Durante los recreos, nos divertíamos con juegos de figuritas redondas de chapa, la payana, la rayuela, las bolitas, y tantos otros juegos que hoy desaparecieron para no volver.
Toda esa algarabía se detenía al sonar la campana. Al primer toque, silencio y al segundo, cada grado formaba frente a la campana, para ingresar en forma ordenada. Nos alineábamos en 2 filas, estableciendo la distancia de un brazo extendido entre uno y otro.
Con la escuela llegaban los piojos. Y como siempre fueron problema, las religiosas con dos lápices, nos revisaban la cabeza y a los portadores, se les indicaba que concurrieran con sus padres, a fin de informarles sobre la novedad; el examen de las uñas y de las rodillas, completaban la tarea.
La religiosa pasaba lista y a la respuesta de “Presente”, nos parábamos para identificarnos. Los bancos del aula eran de madera, para dos alumnos, con un tintero en el medio. El paso de los años se apreciaba en las innumerables marcas e inscripciones que tenía, dificultando muchas veces la escritura.
El pasaje del lápiz a la tinta era un acontecimiento especial: a partir de ese momento los dedos cambiaban de color y las manchas de tinta no nos abandonarían durante años, con el agregado de manchas en los cuadernos y en el guardapolvo. Ahí conocimos el valor agregado de la goma de borrar, el papel secante y el limpia plumas.
En el aula, las tareas asignadas a la lectura en voz alta y a los trabajos manuales, unido a las horas de ejercicios físicos, siempre despertaban nuestro interés. Durante la semana de fiestas patrias, las aulas se adornaban con motivos alegóricos; inducidos por la religiosa colaborábamos en su confección (en realidad nuestros padres) conjuntamente con el ayudante de la religiosa, un alumno seleccionado por sus condiciones, para secundarla en sus tareas.
El día de la fiesta, una de las religiosas pronunciaba un discurso incomprensible e interminable. Todos lucíamos la escarapela en la zona izquierda del guardapolvo, en el “sitio del corazón”. Al finalizar el acto recibíamos alguna golosina y todos nos marchábamos a casa felices y orgullosos de ser argentinos.