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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Ich war noch zu jung vor mein Großvater verstehen (Yo era muy joven para comprender a mi abuelo)

Abuelo vivía en una casita de adobe. Yo era muy niño y no comprendía su pobreza. Tenía una mesa de madera gastada, platos y jarras para beber de lata. Un perro tan viejo como él, con un corazón tan bonachón como el suyo. Miraba lejos, siempre melancólico y triste. Sus ojos celestes enmarcados en pequeños dibujitos que mamá decía que eran arrugas que la vida le había dibujado. Eran tan hermosas esas arrugadas, recuerdo que me despertaban tanta ternura al acariciarle el rostro. Cuando lo hacía me sonreía desde el alma y me repetía que era su nieto preferido.
Pero pobre abuelo, estaba tan solo. Solo en su casita de adobe. Solo en la vida. Abuela había muerto. Se pasaba las tardes sentado junto a la ventana tomando mate, murmurando recuerdos, hablando con ella. Me miraba y sonreía. Decía que abuela estaba con él, que lo esperaba en el cielo.
Yo era muy chico y no comprendía ni su dolor ni su soledad. Tampoco entendí por qué se fue una tarde de marzo. Se quedó dormido junto a la ventana, con una sonrisa en los labios y una fotografía apretada entre sus manos.
Sí, yo era muy chico para comprender que se había muerto de tristeza y soledad.

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